LA EMANCIPACIÓN POLÍTICA · Capítulo 3

Carta a España y a los independentistas Catalanes

Entre todos los pulsos que plantea el independentismo catalán, hay uno que hay que agradecerles y que la gente del resto de España debiera hacer suyo: es el pulso por conquistar -porque nunca la tuvo- la soberanía política* y a continuación -y como consecuencia- la jurídica.

* La soberanía política es distinta de la soberanía territorial.

LA SOBERANÍA POLÍTICA

Sólo hay 1 indicador que confirme o niegue la escalada hacia la soberanía política de la ciudadanía: aquello que empodere.

La soberanía política de las personas se edificará a partir de políticas y Leyes que nos empoderen como ya lo han hecho muchos derechos logrados (y deberes), pero también como lo hicieron en su día tecnologías como la imprenta, el coche o el ordenador personal, y esta similitud ex-legislativa se hace necesaria para cargar el concepto de empoderamiento con significados de autonomía y no de subversión.

Cualquier ley, proyecto, alianza o decisión que tomaran nuestros políticos debiera ser sometida a esta pregunta: Esta ley, proyecto, alianza o decisión ¿Empodera al conjunto de nuestros ciudadanos?

A muchos nos parece que este País, en ocasiones, legisla y toma decisiones sin anteponer el provecho del conjunto de los ciudadanos resultando cortoplacista que pospone, una y otra vez, el empoderamiento de las personas debido a unas inercias subjetivas cuyos supuestos beneficios muchos no disfrutamos ni comprendemos. No creo que sea una cuestión de equilibrios necesarios sino de equilibrios interesados: menos persuasión y más claridad.

Por muy convencido que cada uno esté de que su ideal político es mejor que el otro, debemos reconocer todos ya, que según qué circunstancias prosperará su ideal o no. También debemos decirnos, entre nosotros, que animar a la gente a seguir habitando en el sueño de las promesas es un delirio, y que la convicción no hace la certeza.

Es muy interesante ver como las ideologías guardan unos principios fundamentales y un sentido de la justicia muy sólido pero que cuando se deben aproximar a asuntos más mundanos y ocasionales, los resuelven -cayendo desde arriba sobre ellos- con esa inercia subjetiva tipo 'macro' que las desacredita por su ineficiente adaptación a lo ‘micro'. No es así de torpe la ciencia como en el caso de la astrofísica y la física de partículas, por ejemplo.

El debate político ya no puede seguir siendo el intento de que una ideología fagocite a la otra, sino que el debate democrático debe residir en averiguar ante qué situaciones conviene aplicar una u otra forma de hacer y preveer.

Hay que ser un poco infiel a la ideología de cada uno.

Y es que todos tienen algo de razón. Desde los liberales a los comunistas, pasando por los conservadores y los progresistas: a nadie debiera faltarle nada pero también necesitamos de gente que sueñe nuestro futuro, y la modernidad parte desde la tradición.

Como siempre ha sido.

LA EVIDENCIA DEL PASADO Y LA RAZÓN DEL PRESENTE

Es casi un esfuerzo místico plantearse porque estamos ahora todos juntos en este presente dado y compartido. Que el orden impuesto lo usemos de excusa para justificar nuestros límites es una irresponsabilidad democrática demasiado habitual en este país, pero irresponsabilidad propia, al fin y al cabo.

Querer hacer mejor el presente volviendo hacia atrás es otro delirante sueño de las promesas.

Hay que tener una especie de fe política para entender el mensaje velado de este momento y, como siempre hemos hecho con mayor o menor prontitud, descifrarlo para averiguar qué pasos dar hacia esa soberanía política sin traicionar todo nuestro pasado, porque sí se han conquistado derechos y deberes con anterioridad.

PODER VOTAR

No sé si es una traición o una oportunidad mal aprovechada, que el primer gran clamor popular por participar decisivamente sobre nuestra democracia más allá de unas elecciones -al puro estilo suizo- sea para desestructurar nuestro presente: no es una cuestión territorial, es una cuestión cultural.

En España es un anhelo de muchos que se nos consulte sobre decisiones importantes. Y si la celeridad del presente lo impidiera, sí al menos se nos debería permitir poder votar qué partes de los programas electorales queremos y cuáles no. Fragmentar el voto ya sería una buena y temprana vía por la que responsabilizarnos de nuestra democracia y sentirla como propia.

La democracia adolescente de España puede ser herida y retrocedería sin la viva Cataluña en la ansiada conquista, por primera vez en nuestra historia, de la soberanía política de los ciudadanos de y para este País.

LA DERECHA ESPAÑOLA

La derecha española debe replantearse sus esencias incorporando nuevos ideales y renunciando a antiguas doctrinas si quiere sobrevivir a las nuevas realidades y seguir siendo una fuerza propositiva y relevante en el futuro.

La derecha española debe llevar a cabo una reflexión interna que los modernice sin traicionar a su pasado.

Por el hecho de haber sido mil veces atacada externamente, ha hecho de ella una ideología invulnerable pero rígida o cerrada. Por eso la adecuación a las nuevas realidades de su saber hacer y preveer, que a día de hoy parece que le sobrevienen, debe empezar desde dentro y continuar mirando hacia fuera para reubicarse a sí misma -y que la reubiquemos los demás- en un lugar preferente del ahora.

La derecha española atesora valores esenciales y universales que muchos compartimos como el sentido del orden, del rigor, de la disciplina o del trabajador infatigable, pero deben reimaginar de nuevo al pueblo español desde la evidencia del pasado y con la razón del presente.

La derecha española debe reconocer que la comodidad de habitar en algo dado que apreciaba o le convenía, le ha adormecido la necesidad y la voluntad de entender a los que no tenían ni tienen una España con la que identificarse más allá de nuestros ilustres artistas y pensadores.

Muchos españoles estamos buscando e intentando construir, con lealtad a nuestros mayores, una España con la que identificarnos también políticamente: sentirnos orgullosos de leyes reescritas y nuevas cargadas de derechos y deberes que empoderen a los ciudadanos, en definitiva, rehacer y actualizar una política que sentir como propia y no dada o caduca.

Es necesario que una renovada derecha española participe de la reescritura de una política contemporánea por y para nosotros mismos: los que compartimos este momento.

Estas nuevas realidades que nos sobrevienen a todos no son una traición al pasado, sería un delirio imperdonable deshacernos de todo lo que hicieron nuestros mayores.

Superar y mejorar todo nuestro origen debe ser un éxito compartido.

EL DEBATE DE LA RAZÓN INDEPENDENTISTA

Debido a los argumentos empleados por el independentismo catalán, muchos españoles nos hemos puesto a revisar nuestra historia, algunos, hasta 8 siglos atrás (S. XIII) y hay que agradecerles ese nuevo ánimo historicista, desde Les Escaules, al lado de Figueres (Girona) yendo 6 años consecutivos a un encuentro de arte.

Sin embargo, conforme iba -e íbamos- revisitando nuestra historia con los ojos del ahora, atribuyéndonos a los demás desconocimiento, y contrariamente a lo pretendido por los independentistas, no hemos encontrado nada que no nos haya pasado a nosotros también, así, el esfuerzo en mostrar, construir o crear un hecho diferencial histórico con los demás o el resto de España, ha sido en vano o no convincente.

Conscientes de esto -que no convencían a los demás-, el independentismo ha ido mutando sus argumentos: si hace unas décadas la bandera del independentismo era la Senyera, ahora su bandera es la Estelada de origen en el S. XIX; como penúltima razón, el amparo en la Carta de los Derechos Humanos y el derecho a la autodeterminación, leída a medias, ya que Catalunya no se encuentra en situación de subyugación, dominación y explotación extranjeras [que] constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales.

Y ya como último argumento proindependencia, la tristísima y desafortunada represión y acción policial del domingo 1/10/2017 ejecutada por chapuceras órdenes políticas, no por voluntad propia de los miembros de los cuerpos de seguridad. Es decir, el independentismo catalán razona e improvisa en caliente.

Entonces, de alguna forma estamos ante una discusión en que una de las partes va cambiando de argumentario o porque no tiene la razón que se atribuye, o porque oculta otros motivos.

Y es muy extraño que no haya ninguna voz política desde Catalunya que haga caer la atención sobre recurso de inconstitucionalidad sobre el Estatut de Maragall como origen del disgusto catalán, cuya renegociación podría ser el punto de partida a un retorno a la normalidad, y en este punto, es donde parece que nadie quiere arreglar las cosas.

CATALUNYA EN ESPAÑA

La Catalunya que tanto amáis no la habéis hecho vosotros solos, como os creéis y queréis hacernos creer.

Además ha sido favorecida por el estado central en perjuicio de otras comunidades por infraestructuras, emplazamiento de instituciones, preferencias de inversión, fiscalidad, etc.

En este punto se hace necesario, como poco, dos apuntes concretos sobre infraestructuras desfavorecidas de las que Catalunya se benefició y, claro, exceden a vuestros límites territoriales: 1) en 1998 se completó por fin la autopista A-3 que hasta entonces aún contaba con unas decenas de kilómetros aún en carretera, aquí en Valencia, ya a modo de tópico, decíamos "Para que los barcos vayan al puerto de Barcelona"; y 2) el lento, mejorable –y en mejora- eje ferroviario Valencia-Zaragoza-Bilbao de indiscutible interés estratégico y catalizador de nuestras economías. Las mejoras de ambas infraestructuras fueron continuamente pospuestas por unas razones incómodas y dolorosas de valorar.

Podemos decir, como audazmente maneja la izquierda que demanda la redistribución: vuestra riqueza, nuestra pobreza.

Y esta es la razón por la que vuestro independentismo es percibido por algunos como traición, porque vuestro beneficio debía ser también el nuestro, con nuestra resignación, la Valenciana.

¿Los independentistas Catalanes conocéis la 'Puerta de los leridanos' en la catedral de Valencia? Mirad aquí. Es una cuestión cultural, no territorial.

¿Sabéis que en Valencia desde 1934 tenemos proyectado sacar nuestra estación principal del centro urbanístico y aún no le hemos podido hacer?

Con la resignación Valenciana.

EL DEBATE DE LOS SENTIMIENTOS INDEPENDENTISTAS

Todos sabemos, y algunos de primera mano, el sentimiento de superioridad que instruís, manejáis y sentís: que sois mejores que los españoles, aunque la mejor competencia es con uno mismo, pero eso es otro tema.

Sin embargo la ciencia de la psicología no habla de sentimiento de superioridad sino de complejo de superioridad.

Se vuelve revelador por un momento, tomar a Catalunya como sujeto, como individuo, para tratar de profundizar a través de esas razones que cambian.

Según leo y entiendo este complejo de superioridad se da de forma natural entre aquellos sujetos que se sienten "apartados" de los grupos sociales, por no presentar las mismas características que el resto de las personas.

Es verdad que sois distintos, pero no somos nosotros –el resto de españoles- los que os hemos excluido, habéis sido vosotros. Y en consecuencia habéis generado un rechazo en gran parte de la población que en ningún momento ha sido espontáneo, ha sido una reacción a vuestro parecer, pero no a vuestro ser.

Y además "…no presentáis las mismas características que el resto…" como también no las presentamos entre los de las demás regiones de España: el catalán es tan distinto a un extremeño como un valenciano con un vasco. Vaya obviedad.

Hoy sois vosotros los que le dais la razón a Otto Von Bismarck: "Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a si misma y todavía no lo ha conseguido".

Catalunya ha sido, es y será apreciada, pero esto se ha visto deteriorado por vuestro rechazo. Y es el momento de poner en valor la cualidad conciliadora y tolerante de los españoles que en las últimas décadas hemos tenido que desarrollar, entre nosotros, por las diferentes visiones sobre nuestro pasado más cercano. Este País seguramente se ha hecho en la mesa de la cocina y en la cena de nochebuena con media España sentada en un lado y la otra en el otro.

También, a diferencia de otros países, España es uno de los países que más se viaja a sí mismo.

Este discreto turismo interno y voluntario, es seguramente también lo que más fuerte nos hace como País, no la voluntad de nuestros gobernantes: hemos ido construyendo sin saberlo del todo, y uno a uno, un sentimiento de pertenencia compartido, encontrando lo común y descubriendo lo distinto. Nos gustamos, nos visitamos y nos entendemos.

Además, España sin Catalunya ya no sería España, sería otra cosa, incluso con otro nombre.

ESPAÑA O LOS ESPAÑOLES

Llegado a este punto, los catalanes independentistas tienen que saber separar en 2 sujetos distintos a los poderes del estado por un lado, y a los ciudadanos por otro, porque el siguiente punto al nº1 de las demandas independentistas (independencia) le sigue la demanda, anhelo y voluntad de construir una mejor democracia y esa demanda, anhelo y voluntad de una mejor democracia es compartida por la totalidad del resto de españoles, sean de izquierdas o de derechas más todas sus ramificaciones. Hemos alcanzado juntos la madurez democrática.

Esto nos une a todos: conquistar por primera vez, porque nunca la tuvimos, la soberanía política que empodere a los ciudadanos, y que es más importante que la soberanía territorial.

Muchos argumentáis que sólo saliendo de España podréis mejorar vuestra democracia y eso es desfallecer y desertar, dejándonos solos a millones de españoles ante una tarea que fue, es y debería ser común en el futuro.

En el seno de vuestro independentismo habitan fuerzas conservadoras y progresistas, que en el momento de crear vuestras nuevas leyes, cuando hayan renunciado al interés compartido, harán chocar como trenes sus distintas voluntades: estáis huyendo de una forma de hacer política que os perseguirá allá donde vayáis, estáis huyendo de vosotros mismos, y seguir animando a la gente a habitar en el sueño de las promesas es un delirio.

Por que vuestra esencial lucha, la de esa mejor democracia, es también nuestra lucha: no estáis solos.

Compromiso, evidencia y razón.

"Cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo."
Confucio

Escrito en Valencia entre el 25 de septiembre y el 6 de octubre de 2017 por Álvaro Pichó

LA EMANCIPACIÓN POLÍTICA

Capítulo 1: Contra las ideologías - Por el cambio cultural (verano 2016).

Capítulo 2: El 15M contado a los de Podemos (marzo 2017).

Capítulo 3: Carta a España y a los independentistas catalanes (septiembre y octubre 2017).